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Viernes 21 de Julio de 2017

Los Especialistas

José Altuve y sus temporadas "gemelas"

14 Viernes | 10:39 am

"Una vez es suerte, dos veces puede ser casualidad... pero tres veces, eso ya es una confirmación". Este parece ser el caso de José Carlos Altuve, quien con apenas 27 años de vida y en medio de su séptima campaña como liga mayorista (sexta desde el arranque), sigue dejando números de "all star".

El criollo, quien en su segunda temporada se ganó el honor de acudir a su primer Juego de Estrellas (evento en el que ya es un invitado frecuente), no ha parado de batear, al punto de ser comparado con Pete Rose... palabras mayores.

El muchacho de Maracay, quizá por no alcanzar el metro setenta de estatura, se cansó de escuchar la palabra "no" cuando apenas daba sus primeros pasos dentro de la pelota. Fue rechazado una y otra vez, al no tener el "porte" necesario para convertirse en pelotero de primer nivel, pero Altuve, en su afán de hacer realidad sus sueños, les dijo "Sí, sí y sí" a sus detractores y consiguió ser firmado por Astros de Houston, un riesgo que, de seguro, la organización está satisfecha de haber tomado.

Durante la campaña 2010-2011 de la LVBP, cuando el pequeño camarero dio inicio a su carrera con Navegantes del Magallanes, Altuve ya daba muestras de lo que sería. Para aquel momento, cuando el marcayero era un adolescente de tan solo 20 años, se veía con una personalidad retraída, incluso tímido, pero ya era el más aplicado de la clase.

Altuve esperaba en el dogout de su equipo a que todos sus compañeros tomaran su turno en las prácticas de bateo, atento a cada detalle, tomando nota de cada aspecto que lo pudiera hacer mejor. Edgardo Alfonzo, uno de sus primeros tutores, fue ejemplo para Altuve, quien poco a poco ha ido superando al maestro.

Más adelante, a mediados de la temporada de 2011 en Estados Unidos, esa tozudez lo llevó a dar el salto a la Gran Carpa, para aquel entonces en la Liga Nacional, mostrándole al mundo su talento desde el día uno.

Inmediatamente, desde aquel 20 de julio de 2011, el nombre de José Altuve comenzó a hacer ruido en el mundo del beisbol. El "pequeño gigante", como ha sido bautizado a lo largo de su carrera, dio indiscutibles en 10 de sus primeros 11 compromisos, siete de ellos de manera consecutiva para arrancar su carrera, incluyendo sus dos primeros juegos con tres o más imparables.

Muchos imparables han salido del bate de Altuve desde aquella fecha hasta ahora. El venezolano, en sus primeros siete años en el "gran show", acumula 1.162 imparables en 3.695 turnos al bate, números que salen muy bien parados en la odiosa comparación con Pete Rose, máximo hiteador en la historia de la pelota norteamericana. El histórico toletero de Rojos de Cincinnati contaba con 1.150 cohetes en 3.808 turnos al momento de terminar su séptimo año como liga mayorista, pero acumulaba dos vueltas al sol menos que Altuve.

Dirán muchos que las cifras de José son espectaculares, pero más impresionante aún es su extrema regularidad. En 2016, para el juego 86 de Astros de Houston, el venezolano había conectado 117 indiscutibles en 338 viajes al plato. De esos indiscutibles 24 eran dobles, dos triples y 14 cuadrangulares, con 49 remolques, 64 carreras anotadas, 35 ponches, 40 boletos recibidos, 22 bases robadas y un promedio de .346; números nada despreciables y que al final de campaña lo colocaron como tercero en la votación al Jugador Más Valioso, a pesar de que su equipo no pudo alcanzar sus objetivos a final de año.

¿Qué ha hecho Altuve en 2017? Hasta el duelo 86 de la zafra, último duelo antes del parón del Juego de Estrellas (en el cual volvió a ser el camarero titular de la Liga Americana), el venezolano sacudió 116 imparables en 334 turnos, con 25 dobles, 2 triples y 13 jonrones. Altuve ha conseguido remolcar 50 carreras, pisó el plato en 62 oportunidades, se ponchó 46 veces, recibió 37 boletos y se estafó 18 almohadillas, para un promedio al bate de .347, el más alto del Joven Circuito hasta la fecha.

Dos zafras prácticamente iguales. Espectacularmente iguales.

Con estas cifras y con su equipo consolidado como uno de los dos mejores conjuntos de la campaña (Houston consiguió 60 triunfos en la primera mitad de temporada, uno menos que Dodgers de Los Ángeles), y sin Mike Trout de por medio -el jardinero tiene varias semanas fuera de acción por lesión-, Altuve coloca en la palestra una nueva candidatura a Jugador Más Valioso de la Liga Americana y se proyecta a un nuevo año con 200 o más indiscutibles, agrandando su leyenda y atornillándose en el sitial de honor entre los mejores bateadores del béisbol en la actualidad.

Héroes de carne y hueso

6 Martes | 2:32 pm

Carros, joyas, jet privado, mansiones... ¿Qué más podría pedir alguien en la vida? Ser deportista de élite trae consigo una serie de privilegios inalcanzables para la mayoría de nosotros, los "mortales". 

El deportista que consigue dar el brinco al estrellato, es buscado para realizar comerciales, dictar clínicas, apadrinar eventos de caridad, en fin, una vida llena de lujos. Pero, ¿de verdad es todo tan fácil? ¿Qué hay detrás de cada pelotero, futbolista, tenista? 

Pensando en la situación que vive Venezuela en estos momentos, con más de dos meses de un pueblo en las calles manifestando, pidiendo o exigiendo respuestas a sus dificultades, un puñado de deportistas, de distintas disciplinas, han levantado su voz para reprobar la violencia, la represión, la impunidad. Muchos de esos deportistas, estrellas allá donde estén, han sido criticados por un sector de los venezolanos quienes no comparten su "postura política", han sido criticados por el tiempo que tardaron en pronunciarse, han sido criticados por el mensaje, en fin, han sido criticados.

Otros no se han manifestado aún, por una razón u otra, y estos, como no podía ser de otra manera, también han sido defenestrados por un populacho que exige a sus "referentes" que se conviertan en una voz altisonante.

Pero, ¿quiénes somos nosotros para exigirles nada a ellos? Sus presidentes, dueños de clubes, entrenadores, ellos pueden exigirles rendimiento, a fin de cuentas son quienes pagan sus astronómicos salarios. Nosotros, la prensa, los fanáticos, los venezolanos, en general, solo deberíamos estar agradecidos por la infinidad de alegrías que estos atletas nos han regalado y que, en cierta forma, terminan convirtiéndose en bálsamo para tanto sufrimiento y preocupaciones.

Ellos, atletas de alto rendimiento, no tienen ninguna responsabilidad para con nosotros. Desde muy pequeños decidieron dedicar su vida al deporte. Sacrificaron momentos, fiestas, diversión, por entrenamientos, disciplina y preparación tanto física como mental. 

Esos que ahora brilla, debieron comerse las verdes muchas veces, salieron de abajo (en muchos de los casos), y pusieron todo el empeño para triunfar, para ser los mejores y llenar de orgullo a sus fanáticos, a su familia y a su país.

Ahora, con el éxito a cuestas, ellos deben cargar con la responsabilidad deportiva que ellos mismos se han colocado. Mantener el rendimiento, alcanzar metas deportivas, no defraudar a sus compañeros dentro de una cancha, y aparte, saben que no pueden cruzar una esquina sin ser seguidos, señalados observados. Es lo que tiene la fama.

Ahora bien, al momento de expresar su pesar por el país, de opinar, de exigir, lo hacen sin el uniforme puesto, lo hacen como venezolanos que sienten y padecen. Que tienen familia, hijos, padres, amigos y que, seguramente, a la distancia, se mantienen en vilo esperando que todo salga bien, sin poder hacer mucho al respecto.

Nuestros atletas, nuestros deportistas, nuestros Miguel Cabrera, Tomás Rincón, Roberto Rosales o Greivis Vásquez, son nuestros superhéroes, pero al salir de la cancha se convierten en Clark Kent, Peter Parker o Bruce Wayne, personas como tú o yo, nada más que eso.

Raúl Pérez

En la cancha

Nacido en Miranda el 22 de abril de 1989, estudió comunicación social en la Universidad Central de Venezuela (UCV).

Desde 2010 ha podido trabajar en radio, televisión, prensa escrita y medios digitales, siempre manejando la fuente deportiva.

Dos Mundiales de Fútbol, un par de temporadas de LVBP y otras tantas de MLB, han sido de los eventos que ha podido cubrir en su carrera.

Fútbol, béisbol, baloncesto, o tenis, su verdadera pasión es el deporte, sin distinción.

Raúl Pérez

En la cancha

Nacido en Miranda el 22 de abril de 1989, estudió comunicación social en la Universidad Central de Venezuela (UCV).

Desde 2010 ha podido trabajar en radio, televisión, prensa escrita y medios digitales, siempre manejando la fuente deportiva.

Dos Mundiales de Fútbol, un par de temporadas de LVBP y otras tantas de MLB, han sido de los eventos que ha podido cubrir en su carrera.

Fútbol, béisbol, baloncesto, o tenis, su verdadera pasión es el deporte, sin distinción.

José Altuve y sus temporadas "gemelas"

14 Viernes | 10:39 am

"Una vez es suerte, dos veces puede ser casualidad... pero tres veces, eso ya es una confirmación". Este parece ser el caso de José Carlos Altuve, quien con apenas 27 años de vida y en medio de su séptima campaña como liga mayorista (sexta desde el arranque), sigue dejando números de "all star".

El criollo, quien en su segunda temporada se ganó el honor de acudir a su primer Juego de Estrellas (evento en el que ya es un invitado frecuente), no ha parado de batear, al punto de ser comparado con Pete Rose... palabras mayores.

El muchacho de Maracay, quizá por no alcanzar el metro setenta de estatura, se cansó de escuchar la palabra "no" cuando apenas daba sus primeros pasos dentro de la pelota. Fue rechazado una y otra vez, al no tener el "porte" necesario para convertirse en pelotero de primer nivel, pero Altuve, en su afán de hacer realidad sus sueños, les dijo "Sí, sí y sí" a sus detractores y consiguió ser firmado por Astros de Houston, un riesgo que, de seguro, la organización está satisfecha de haber tomado.

Durante la campaña 2010-2011 de la LVBP, cuando el pequeño camarero dio inicio a su carrera con Navegantes del Magallanes, Altuve ya daba muestras de lo que sería. Para aquel momento, cuando el marcayero era un adolescente de tan solo 20 años, se veía con una personalidad retraída, incluso tímido, pero ya era el más aplicado de la clase.

Altuve esperaba en el dogout de su equipo a que todos sus compañeros tomaran su turno en las prácticas de bateo, atento a cada detalle, tomando nota de cada aspecto que lo pudiera hacer mejor. Edgardo Alfonzo, uno de sus primeros tutores, fue ejemplo para Altuve, quien poco a poco ha ido superando al maestro.

Más adelante, a mediados de la temporada de 2011 en Estados Unidos, esa tozudez lo llevó a dar el salto a la Gran Carpa, para aquel entonces en la Liga Nacional, mostrándole al mundo su talento desde el día uno.

Inmediatamente, desde aquel 20 de julio de 2011, el nombre de José Altuve comenzó a hacer ruido en el mundo del beisbol. El "pequeño gigante", como ha sido bautizado a lo largo de su carrera, dio indiscutibles en 10 de sus primeros 11 compromisos, siete de ellos de manera consecutiva para arrancar su carrera, incluyendo sus dos primeros juegos con tres o más imparables.

Muchos imparables han salido del bate de Altuve desde aquella fecha hasta ahora. El venezolano, en sus primeros siete años en el "gran show", acumula 1.162 imparables en 3.695 turnos al bate, números que salen muy bien parados en la odiosa comparación con Pete Rose, máximo hiteador en la historia de la pelota norteamericana. El histórico toletero de Rojos de Cincinnati contaba con 1.150 cohetes en 3.808 turnos al momento de terminar su séptimo año como liga mayorista, pero acumulaba dos vueltas al sol menos que Altuve.

Dirán muchos que las cifras de José son espectaculares, pero más impresionante aún es su extrema regularidad. En 2016, para el juego 86 de Astros de Houston, el venezolano había conectado 117 indiscutibles en 338 viajes al plato. De esos indiscutibles 24 eran dobles, dos triples y 14 cuadrangulares, con 49 remolques, 64 carreras anotadas, 35 ponches, 40 boletos recibidos, 22 bases robadas y un promedio de .346; números nada despreciables y que al final de campaña lo colocaron como tercero en la votación al Jugador Más Valioso, a pesar de que su equipo no pudo alcanzar sus objetivos a final de año.

¿Qué ha hecho Altuve en 2017? Hasta el duelo 86 de la zafra, último duelo antes del parón del Juego de Estrellas (en el cual volvió a ser el camarero titular de la Liga Americana), el venezolano sacudió 116 imparables en 334 turnos, con 25 dobles, 2 triples y 13 jonrones. Altuve ha conseguido remolcar 50 carreras, pisó el plato en 62 oportunidades, se ponchó 46 veces, recibió 37 boletos y se estafó 18 almohadillas, para un promedio al bate de .347, el más alto del Joven Circuito hasta la fecha.

Dos zafras prácticamente iguales. Espectacularmente iguales.

Con estas cifras y con su equipo consolidado como uno de los dos mejores conjuntos de la campaña (Houston consiguió 60 triunfos en la primera mitad de temporada, uno menos que Dodgers de Los Ángeles), y sin Mike Trout de por medio -el jardinero tiene varias semanas fuera de acción por lesión-, Altuve coloca en la palestra una nueva candidatura a Jugador Más Valioso de la Liga Americana y se proyecta a un nuevo año con 200 o más indiscutibles, agrandando su leyenda y atornillándose en el sitial de honor entre los mejores bateadores del béisbol en la actualidad.

Héroes de carne y hueso

6 Martes | 2:32 pm

Carros, joyas, jet privado, mansiones... ¿Qué más podría pedir alguien en la vida? Ser deportista de élite trae consigo una serie de privilegios inalcanzables para la mayoría de nosotros, los "mortales". 

El deportista que consigue dar el brinco al estrellato, es buscado para realizar comerciales, dictar clínicas, apadrinar eventos de caridad, en fin, una vida llena de lujos. Pero, ¿de verdad es todo tan fácil? ¿Qué hay detrás de cada pelotero, futbolista, tenista? 

Pensando en la situación que vive Venezuela en estos momentos, con más de dos meses de un pueblo en las calles manifestando, pidiendo o exigiendo respuestas a sus dificultades, un puñado de deportistas, de distintas disciplinas, han levantado su voz para reprobar la violencia, la represión, la impunidad. Muchos de esos deportistas, estrellas allá donde estén, han sido criticados por un sector de los venezolanos quienes no comparten su "postura política", han sido criticados por el tiempo que tardaron en pronunciarse, han sido criticados por el mensaje, en fin, han sido criticados.

Otros no se han manifestado aún, por una razón u otra, y estos, como no podía ser de otra manera, también han sido defenestrados por un populacho que exige a sus "referentes" que se conviertan en una voz altisonante.

Pero, ¿quiénes somos nosotros para exigirles nada a ellos? Sus presidentes, dueños de clubes, entrenadores, ellos pueden exigirles rendimiento, a fin de cuentas son quienes pagan sus astronómicos salarios. Nosotros, la prensa, los fanáticos, los venezolanos, en general, solo deberíamos estar agradecidos por la infinidad de alegrías que estos atletas nos han regalado y que, en cierta forma, terminan convirtiéndose en bálsamo para tanto sufrimiento y preocupaciones.

Ellos, atletas de alto rendimiento, no tienen ninguna responsabilidad para con nosotros. Desde muy pequeños decidieron dedicar su vida al deporte. Sacrificaron momentos, fiestas, diversión, por entrenamientos, disciplina y preparación tanto física como mental. 

Esos que ahora brilla, debieron comerse las verdes muchas veces, salieron de abajo (en muchos de los casos), y pusieron todo el empeño para triunfar, para ser los mejores y llenar de orgullo a sus fanáticos, a su familia y a su país.

Ahora, con el éxito a cuestas, ellos deben cargar con la responsabilidad deportiva que ellos mismos se han colocado. Mantener el rendimiento, alcanzar metas deportivas, no defraudar a sus compañeros dentro de una cancha, y aparte, saben que no pueden cruzar una esquina sin ser seguidos, señalados observados. Es lo que tiene la fama.

Ahora bien, al momento de expresar su pesar por el país, de opinar, de exigir, lo hacen sin el uniforme puesto, lo hacen como venezolanos que sienten y padecen. Que tienen familia, hijos, padres, amigos y que, seguramente, a la distancia, se mantienen en vilo esperando que todo salga bien, sin poder hacer mucho al respecto.

Nuestros atletas, nuestros deportistas, nuestros Miguel Cabrera, Tomás Rincón, Roberto Rosales o Greivis Vásquez, son nuestros superhéroes, pero al salir de la cancha se convierten en Clark Kent, Peter Parker o Bruce Wayne, personas como tú o yo, nada más que eso.